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martes, 29 de junio de 2010

Me conformo con bailar un rato con la felicidad


La vida pasa rápida, a veces no nos damos ni cuenta, pero cada instante debe ser vivido al máximo, ya que pasa como un soplo de aire y no se volverá a repetir jamás. Como oí decir a alguien hace poco “ nadie tiene días siempre mejores”. No cuesta ordenar la frase y quedarse con que es cierto, no todos los días que vivamos serán los mejores, y puede ser que ya hayamos llegado al máximo ( o incluso lo hayamos superado) en el pasado. Aún así, debemos seguir buscando ese estado llamado felicidad, o al menos algo que se le parezca. Aunque quizás ahora nos sintamos desorientados, seguiremos caminando, pues tarde o temprano, encontraremos nuestro rumbo y hacia allí dirigiremos nuestros pasos.

domingo, 30 de mayo de 2010

Lo sé, prohibido recordar


Recuerdos. Tengo muchos, unos mejores que otros. Desde que era pequeña he deseado que se pudieran almacenar, como si fueran fotos, de modo que cuando sentimos nostalgia o queremos recordar algo de forma nítida, no tuviésemos más que abrir el frasquito correspondiente al recuerdo que queremos refrescar en la memoria. Porque la mente humana es demasiado perfecta, y poco a poco olvida detalles importantes. O quizás es que es demasiado inteligente y lo hace para protegernos, ya que si pudiéramos pasarnos las horas viendo los momentos pasados una y otra vez, no nos atreveríamos a crear ninguno nuevo. Imaginad estar en casa y destapar uno de esos botecitos, poder sentir el olor de la tarta de mamá, la emoción del primer día de cole, el sabor del primer beso o saborear de nuevo las risas entre amigos. Me duele pensar que un día mi mente olvidará ese aroma especial de ese cabello, de esa colonia y de esa ropa. Porque por mucho que huela cada día esa goma del pelo, el aroma se escapará lentamente por la ventana, como se va el tiempo, como me voy yo, como se va cada día dejando paso a otros nuevos.

viernes, 28 de mayo de 2010

Era una estrella, ya se largaba de aquí

Le veo ahí, tan alto y fuerte, y tan destrozado por dentro que entran ganas de gritar. El desamor ha podido con él, bebe sin parar, fuma demasiado, y juega con cosas que le hacen hablar. Abrazo a mi hermano y le quito la jarra que tiene en la mano. Me mira y empieza a llorar.
- ¿ Por qué lo haces? ¿ De qué te sirve? Si estás llorando, si bebes para olvidar, ¿ por qué no olvidas también el dolor?
- Porque por desgracia, el dolor solo se olvida momentáneamente. O esa es la sensación que tienes al principio. Es tan solo una falsa ilusión, el alcohol juega con los recuerdos, los oculta un poco y hace aflorar la risa. Pero cuando la risa se cansa de jugar, los recuerdos, tan suyos e impertinentes, vuelven a salir los muy cabrones. Y entonces, ellos juegan con las lágrimas.